Mi nombre es Ezequiel Tapias.
Desde muy chico tuve la inquietud por las prácticas contemplativas y su potencial transformador. No había mucha información por aquel entonces y lo más cercano a lo que podríamos llamar un entrenamiento del cuerpo y de la
mente eran las artes marciales.
Mi primer contacto con el yoga fue recién en el año 2008 cuando tomé algunas clases con una profesora en la ciudad de Rosario. Sin embargo, fue en el año 2011 cuando la necesidad de mejorar mi postura y mi condición física para superar los rigores de la meditación (zazen) me llevaron a abrazar la práctica del yoga.
A partir de entonces crecí mucho en mi práctica personal y en el año 2017 hice la formación como Instructor de Hatha Yoga en el Centro Ki-do de Rosario, y al año siguiente concluí el Profesorado de Yoga en el mismo instituto.
El yoga constituye, sin lugar a dudas, una de las formas más prácticas, más eficientes, mejor adaptadas a las exigencias de la vida moderna. El yoga devuelve flexibilidad a la columna vertebral -verdadero eje vital-, calma el sistema nervioso, relaja los músculos, vivifica los órganos y sus centros energéticos. Veo un valor inigualable en que cualquiera de nosotros pueda constreñirse a una disciplina personal, que es también un refugio al cual
podemos regresar una y otra vez.
Mi práctica siempre ha estado vinculada a la meditación (quizás sería más apropiado llamarlo ejercicio de contemplación). Sin embargo en Occidente, en general, luchamos por lograr una postura cómoda y que estimule la concentración. En nuestra comodidad hemos perdido flexibilidad, fuerza, movilidad. La solución, creo, está en una práctica constante y en una auto observación diligente, herramientas que, por suerte, están al alcance de todos.
Como dijo Swami Sivananda: “Un gramo de práctica vale más que toneladas de teoría”.
Ahora sólo nos resta practicar.
Ezequiel Tapia
